Saturday, January 28, 2012
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Thursday, January 19, 2012
Wednesday, January 18, 2012
Tuesday, January 10, 2012

Cuento devolución
Muchas veces hemos pensado quienes somos, que hacemos aquí, de donde venimos a donde vamos... lo de siempre. Resulta que ésta vez lo hacía mientras veía en la tele la divertida película de la genial novela de Dickens, sin comprender que Morfeo ronroneaba a mi alrededor.
Así, como nada, me ví de pronto y de bruces (todo a la vez un revoltijo de sensaciones, imaginaros) en medio de la plaza donde crecí, a 30 metros de mi colegio y a una distancia similar de mi casa. Nevaba de forma incesante, parecía que el sol se acostaba en la lejanía. Oí un leve tosido y al girarme, "¡Aiba la ostia!" (versión Bilbaína) grité. Una silueta aladrillada con pies y manos. Se acercó a mi lentamente y ante mi incredulidad señaló: "Soy el espíritu del pasado". No pude evitar reír, incrédulo, apretó fuerte mi mano y con gesto serio hizo desaparecer todo lo que nos rodeaba. De pronto, todo aquello estaba ante nuestros pies: mi familia, mi antigua clase, mis amigos... "Todo ésto que ves aquí, es lo que te hace ser lo que eres hoy" me dijo con una voz que parecía un hilo de cobre. De nuevo la misma sensación, volábamos sin conocer destino, podía entre ver a gentes felices con sus compras navideñas, trabajadores o estudiantes que comentaban que querían ser de mayores. En ése mismo instante, la figura se despidió de mí y desapareció.
Comencé a caer en picado, no era demasiada la distancia con el suelo, sin embargo la caída fue algo más aparatosa, boquete en el suelo incluido. Cuando me desperté tenía en frente a una nueva silueta, ésta vez redonda y mucho mayor. Se acercó a mi con una gran sonrisa, pude ver que tenía una especie de recubrimiento de color oro sobre su cuerpo metálico. Muy ancho y pero fino, con unos grandes ojos y esa sonrisa bobalicona, no paraba de mirarme fijamente y no tardó en decirme: "¡Hola amigo! Soy el espíritu del presente y quiero que lo veamos" Sin dar tiempo a más ni desaparecer esa sonrisa, se tiro sobre mí con todo su cuerpo. Lo último que vi fue un gran dos que tenía grabado en su pecho. Al abrir los ojos estaba en un centro comercial, la gente corría de un lado a otro "Son las rebajas, es tiempo de felicidad" me dijo mientras bailaba sin parar. La gente no me apercibía, parecían zombis en busca de su alimento, me llevó a metros, grandes vías, empresas... Hasta que me miró de nuevo y volvió a decir: "Espera, hay más que enseñar" y aparecí en un lugar lleno trajeados con gafas que no paraban de decir "buy" o "sell", todo el rato, como si la vida les fuese en ello, tenían cara de cabreo, pero no parecía que les faltase nada. Me atreví entonces a preguntarle a aquel espíritu por que me enseñaba eso. Con una mayor sonrisa me dijo: "es la cara buena de la moneda".
Se marchaba, pero le increpé "¡¿Cuál es la mala?!" Paro de caminar, se volvió hacia a mí de ipsofacto. Me asusté, ésta vez no sonreía, mantenía toda su forma, pero su cuerpo había cambiado, su gesto de enfado e ira me dejó entrever unos dientes puntiagudos bañados en sangre, antes de que quisiera, estaba en sus fauces.
La última vez que abriría los ojos sería aquella. Cuando parecía que todo había acabado, todavía quedaba una pequeña sorpresa para mi. Estaba en un lugar tan oscuro que todo carecía de sentido, nada podía hacer la vista por señalar algún cuerpo, excepto uno. Un perro que rondaba mi cuerpo olisqueándolo. Pronto me levanté, a lo que el contestó igual. ¿Un perro sobre dos patas? pensé, el mundo se ha vuelto loco. El perro cogió una pequeña flauta dulce que tenía entre sus dientes y comenzó a tocarla. Poco a poco apareció mi habitación, yo de nuevo en mi cama y ese perro en frente, que de pronto dejó de tocar y me dijo: "Soy el espíritu del futuro, conformado por todos vosotros. Todo lo que hoy has visto, depende de mí" y con un La bemol, desapareció.
Supuestamente desperté en ese instante, sin embargo nunca abrí los ojos.
Quizás no se trate de sueños, quizás solo retratasen la realidad que parece, ya no conocemos.
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