Friday, August 09, 2013

Arian, arian, Bilbo.



Hoy he tenido la posibilidad de volver por unas horas a Bilbo, el objetivo: visitar dos pisos buscando patera inmobiliaria para el curso que empezará en septiembre. Retornar a una urbe como la capital jeltzale me ha recordado sabores y aromas de la infancia equivalentes a la visión de los regalos perfectamente envueltos un día de Reyes, de comunión o de cumpleaños. Unos ojos mas abiertos que un pajarico sin rama que solo observa curvas, líneas y dibujos que traza la capital del mundo por moral, pese a no serlo autonómica.

Tras un año probando el lecho de la Barcelona mediterránea, azul, olímpica e internacional... la Barcelona gótica, controvertida e hipster, la Barcelona que me demostraría ser muy suya -quizás demasiado para mi- y me hizo recordar a mi denostada en dos años capital bilbotarra. Sobre ese contexto, la sensación al volver a la ciudad que me acogió tan honestamente hace ya tres años pasando por un trayecto -muy lejos de ella- de un amor recobrado, me ha emocionado ¡Ongi etorri! parecía decirme una Bilbao que restaba importancia a mis escaramuzas amorosas a sus espaldas con otras, ¡no esperaba menos de la indulgencia bizkaína!.

Hoy he tenido la posibilidad de volver por unas horas a Bilbo, la he visto muy cambiada en un año, como si hubiera vivido tantas y tan buenas experiencias como yo en un año, que la han hecho cambiar tanto por dentro como por fuera. Sin embargo, sus cambios solo han mejorado el abrazo y el recibimiento de la agradecida ciudad del río Nervión. Bilbao ha vuelto a demostrar que la ensenada que un día pareció encasillada, no hace si no reinventarse, mejorar sus formas y sin olvidar nunca sus viejas maneras, quizás, y tan sólo quizás, la clave de su éxito y alma.

Esker mila, Bilbo.
"Arian, arian, zehetzen da burnia"

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